"El indolente tiene sólo tres amigos: yo mismo, yo mismo y yo mismo."- Charles Stanley.
Es aquella persona que pone excusas por todo, inicia algo pero de inmediato lo deja. No es una persona confiable.
El indolente es una persona perezosa.
Es alguien que no conoce, ni mucho menos ama a Dios porque hace precisamente todo lo contrario a lo que El manda.
No se puede estar junto a una persona indolente. Puede sonar rudo pero es necesario alejarse de este tipo de personas. ¿Por qué? Porque son mala influencia al crecimiento de quienes estén alrededor.
Está una persona o un conjunto de personas dispuestas a colaborar, en trabajar esforzadas para lograr una meta. Han decidido dejar por un lapso los placeres personales, descanso, ocio, por un fin mayor y realizado en grupo. La persona indolente solo provoca desazón, desunión, desánimo.
La persona indolente es perezosa y en su pereza ni siquiera se da cuenta del daño que hace ni del que se hace a sí misma.
Terrible y triste es aquella persona que sufre por su indolencia porque sola se sentencia a morir.
Generalmente provoca que todos se alejen. Nadie quiere estar con una persona así. Y no porque los otros sean perfectos, sino porque no quieren caer ahí, porque se están esforzando por no caer ahí y la persona perezosa ni tiene la chispa de querer salir de ahí.
Muchas personas creen que se es "mala onda" cuando se decide alejarse de la persona indolente. Y creen que no es de Dios hacerlo. Que hay que ser "buena onda". Bueno, esto denota que hay que escudriñar la Palabra y obedecer lo que dice Dios pues es la Verdad.
Dice Proverbios 10:26, "Como el vinagre a los dientes, y como el humo a los ojos,
Así es el perezoso a los que lo envían. "
Y Proverbios 25:19 dice: "Confiar en alguien inestable en tiempos de angustia
es como masticar con un diente roto o caminar con un pie cojo."
Tenemos que recordar que la Palabra de Dios y su guía no es "ser buena onda". Es adentrarnos en comprender el corazón de Dios, su concepto de amor, su concepto de misericordia y de corrección.
Si nosotros permitimos que el indolente guíe nuestra casa toda esta será destruida.
No se trata de juzgar a esa persona ni de culparla. Se trata de orar por ella.
Porque nosotros no salvamos, salva Cristo. Y Dios nos ha dado una encomienda a todos. Cada quien tiene una encomienda que cumplir: servir a los demás. Ayudar para la obra de Dios.
Si tú le haces todo y le resuelves todo al perezoso no lo estás ayudando. No lo digo yo, lo dice la Biblia. No sólo eso: te va a jalar con él y te va a hundir.
Porque una persona indolente no se da cuenta, no capta, su pereza le impide ver todo ello.
Orar por esa persona es el más importante acto de bondad (no de buena ondez) porque orar por alguien es tener misericordia de él. Orar por alguien es ser humilde, pegarse el piso y dejar la corrección en las manos de Dios.
¿Qué haces si te topas o te encuentras con la persona indolente? Tratarla con el amor de Dios, pero no caer en su juego envolvente que generalmente está cargado de lástima.
Una persona perezosa debe aprender a trabajar y no buscar tretas para que se le haga todo por lástima.
Claro que es doloroso porque todos tenemos algún ser querido que existe día por día, conformándose con lo poco, haciendo lo mínimo, no pudiendo asumir ninguna responsabilidad.
Una persona indolente no es confiable.
Es así.
Pero hay que recordar que una cosa es analizar qué tiene o de que sufre una persona, el tenerle misericordia y otra dejarse envolver haciendo lo que esa persona desea.
Una persona indolente no sabe ni siquiera lo que quiere, solo quiere lo que su carne desea: comer, estar dormido, viendo tele. No llega a tiempo. No es responsable. Se vence a la primera. Y se victimiza.
Y si nosotros, que no somos perfectos y con tanto qué mejorar, seguimos los pasos del indolente (por lástima porque no es amor) nos conducirá a la ruina y no le ayudaremos. Dos ciegos guiándose.
La Palabra de Dios es clara. A veces es dura. Pero también lo son las medicinas, que a veces causan dolor, incomodidad.
Oremos por ese familiar que tenemos y que se victimiza o se la pasa quejándose de que nadie lo quiere, que quiere sembrar culpas señalando a la familia que no lo apoya (porque no le cumplen sus caprichos), oremos por ese familiar que en todo ve moros con tranchetes, que se ha ganado con creces el que no se le pueda confiar nada debido a su indolencia.
No hay nada más triste que una persona que desperdicia su tiempo y que no se encarga ni siquiera de los deberes primarios como llevar al hijo a la escuela, comprar su comida, cocinarle, sentarse con él a hacer las tareas, y solo es ladrar órdenes y pagarles el Netflix.
Oremos porque Dios las levante. Pues no debemos juzgarlas sino hacer lo que es debido: no podemos juntarnos con ellas ni seguirles porque es destructivo en todos sentidos.
Muchos no podemos evitar querer ser los salvadores de la familia y queremos tornar y mover y movilizar. No está mal, sin embargo, primero tiene que estar Dios, su Palabra y seguirla.
Recuerda, seguir a Cristo no se trata nada más de "ser buena onda". No te ganas la salvación con obras (Ef 2:8-9).
La palabra sólo indica que nos alejemos de esas personas porque nos apartan del trabajo que debemos hacer para Dios, ser útiles, servir. Pero no dice que los ataquemos, juzguemos, condenemos. Cada cosa en su lugar.
Es aquella persona que pone excusas por todo, inicia algo pero de inmediato lo deja. No es una persona confiable.
El indolente es una persona perezosa.
Es alguien que no conoce, ni mucho menos ama a Dios porque hace precisamente todo lo contrario a lo que El manda.
No se puede estar junto a una persona indolente. Puede sonar rudo pero es necesario alejarse de este tipo de personas. ¿Por qué? Porque son mala influencia al crecimiento de quienes estén alrededor.
Está una persona o un conjunto de personas dispuestas a colaborar, en trabajar esforzadas para lograr una meta. Han decidido dejar por un lapso los placeres personales, descanso, ocio, por un fin mayor y realizado en grupo. La persona indolente solo provoca desazón, desunión, desánimo.
La persona indolente es perezosa y en su pereza ni siquiera se da cuenta del daño que hace ni del que se hace a sí misma.
Terrible y triste es aquella persona que sufre por su indolencia porque sola se sentencia a morir.
Generalmente provoca que todos se alejen. Nadie quiere estar con una persona así. Y no porque los otros sean perfectos, sino porque no quieren caer ahí, porque se están esforzando por no caer ahí y la persona perezosa ni tiene la chispa de querer salir de ahí.
Muchas personas creen que se es "mala onda" cuando se decide alejarse de la persona indolente. Y creen que no es de Dios hacerlo. Que hay que ser "buena onda". Bueno, esto denota que hay que escudriñar la Palabra y obedecer lo que dice Dios pues es la Verdad.
Dice Proverbios 10:26, "Como el vinagre a los dientes, y como el humo a los ojos,
Así es el perezoso a los que lo envían. "
Y Proverbios 25:19 dice: "Confiar en alguien inestable en tiempos de angustia
es como masticar con un diente roto o caminar con un pie cojo."
Tenemos que recordar que la Palabra de Dios y su guía no es "ser buena onda". Es adentrarnos en comprender el corazón de Dios, su concepto de amor, su concepto de misericordia y de corrección.
Si nosotros permitimos que el indolente guíe nuestra casa toda esta será destruida.
No se trata de juzgar a esa persona ni de culparla. Se trata de orar por ella.
Porque nosotros no salvamos, salva Cristo. Y Dios nos ha dado una encomienda a todos. Cada quien tiene una encomienda que cumplir: servir a los demás. Ayudar para la obra de Dios.
Si tú le haces todo y le resuelves todo al perezoso no lo estás ayudando. No lo digo yo, lo dice la Biblia. No sólo eso: te va a jalar con él y te va a hundir.
Porque una persona indolente no se da cuenta, no capta, su pereza le impide ver todo ello.
Orar por esa persona es el más importante acto de bondad (no de buena ondez) porque orar por alguien es tener misericordia de él. Orar por alguien es ser humilde, pegarse el piso y dejar la corrección en las manos de Dios.
¿Qué haces si te topas o te encuentras con la persona indolente? Tratarla con el amor de Dios, pero no caer en su juego envolvente que generalmente está cargado de lástima.
Una persona perezosa debe aprender a trabajar y no buscar tretas para que se le haga todo por lástima.
Claro que es doloroso porque todos tenemos algún ser querido que existe día por día, conformándose con lo poco, haciendo lo mínimo, no pudiendo asumir ninguna responsabilidad.
Una persona indolente no es confiable.
Es así.
Pero hay que recordar que una cosa es analizar qué tiene o de que sufre una persona, el tenerle misericordia y otra dejarse envolver haciendo lo que esa persona desea.
Una persona indolente no sabe ni siquiera lo que quiere, solo quiere lo que su carne desea: comer, estar dormido, viendo tele. No llega a tiempo. No es responsable. Se vence a la primera. Y se victimiza.
Y si nosotros, que no somos perfectos y con tanto qué mejorar, seguimos los pasos del indolente (por lástima porque no es amor) nos conducirá a la ruina y no le ayudaremos. Dos ciegos guiándose.
La Palabra de Dios es clara. A veces es dura. Pero también lo son las medicinas, que a veces causan dolor, incomodidad.
Oremos por ese familiar que tenemos y que se victimiza o se la pasa quejándose de que nadie lo quiere, que quiere sembrar culpas señalando a la familia que no lo apoya (porque no le cumplen sus caprichos), oremos por ese familiar que en todo ve moros con tranchetes, que se ha ganado con creces el que no se le pueda confiar nada debido a su indolencia.
No hay nada más triste que una persona que desperdicia su tiempo y que no se encarga ni siquiera de los deberes primarios como llevar al hijo a la escuela, comprar su comida, cocinarle, sentarse con él a hacer las tareas, y solo es ladrar órdenes y pagarles el Netflix.
Oremos porque Dios las levante. Pues no debemos juzgarlas sino hacer lo que es debido: no podemos juntarnos con ellas ni seguirles porque es destructivo en todos sentidos.
Muchos no podemos evitar querer ser los salvadores de la familia y queremos tornar y mover y movilizar. No está mal, sin embargo, primero tiene que estar Dios, su Palabra y seguirla.
Recuerda, seguir a Cristo no se trata nada más de "ser buena onda". No te ganas la salvación con obras (Ef 2:8-9).
La palabra sólo indica que nos alejemos de esas personas porque nos apartan del trabajo que debemos hacer para Dios, ser útiles, servir. Pero no dice que los ataquemos, juzguemos, condenemos. Cada cosa en su lugar.

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